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CUERPO Y ACCIÓN · 3 MIN DE LECTURA · 8 DE NOVIEMBRE DE 2026

Poses de poder: qué pasó cuando se repitió el experimento

Dos minutos con una postura expansiva iban a cambiar tus hormonas y tu forma de decidir. Qué pasó al repetir el experimento y qué dice hoy su primera autora.

5 fuentes · 3 con texto completo leído · 2 solo resumen, reseña o no consultadas

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Dibujo a tinta de una figura de pie con los brazos en jarras y las piernas abiertas sobre un fondo de rayos amarillos, y a su lado dos tubos de ensayo vacíos con un interrogante
Ilustración (esquema ilustrativo, no representa datos).

Imagina que, antes de una entrevista de trabajo, te colocas dos minutos en una postura abierta, con los brazos en jarras o los pies sobre la mesa. Y que eso te cambiara de verdad: más testosterona, menos cortisol, más tolerancia al riesgo. Es lo que prometía un estudio de 2010 [1]. Veamos qué ocurrió después.

El estudio de 2010

Carney, Cuddy y Yap asignaron al azar a 42 personas a posturas de «alto poder» (expansivas) o de «bajo poder» (contractivas), de un minuto cada una [1][2]. Según su resumen, quienes adoptaron las posturas de alto poder tuvieron más testosterona, menos cortisol, más sensación de poder y más tolerancia al riesgo; las de bajo poder, el patrón contrario [1].

Los propios autores concluían, en su resumen, que dos poses sencillas de un minuto podían tener «implicaciones reales y aplicables» [1].

La réplica con 200 personas

En 2015, Ranehill y colegas repitieron el experimento con 200 participantes, 98 mujeres y 102 hombres, y un experimentador que no sabía en qué condición estaba cada persona [2]. Según sus cálculos, tenían más del 95 % de potencia estadística para detectar un efecto como el original [2].

Resultado: la sensación de sentirse poderoso sí aumentó con las posturas de alto poder. Pero no encontraron efecto significativo sobre la testosterona, el cortisol ni sobre ninguna de las tres tareas de comportamiento, incluida la del riesgo financiero [2].

Efecto de las posturas de alto poder en la réplica de 200 personas (d de Cohen)Barras horizontales con el tamaño del efecto d de Cohen; positivo significa más en el grupo de alto poder. Sensación de poder: más 0,34, estadísticamente significativo. Riesgo en ganancias: menos 0,18. Testosterona: menos 0,20. Cortisol: menos 0,16. Los tres últimos no fueron significativos.-0,4-0,20+0,2+0,4Sentirse poderososignificativo+0,34Riesgo (ganancias)no significativo-0,18Testosteronano significativo-0,2Cortisolno significativo-0,16más con baja posturamás con alta posturaDATOS DEL ESTUDIO
Figura 1. Datos del estudio [2]: efecto de las posturas de alto poder (d de Cohen; positivo = más en el grupo de alto poder). Solo la sensación de poder fue significativa.

Los autores señalan diferencias con el estudio original: las posturas duraron tres minutos en lugar de uno, las instrucciones se dieron por ordenador y la tarea intermedia era otra [2]. No descartan, por tanto, que algún factor clave se les pasara por alto [2].

«No creo que estos efectos sean reales»

En 2016, la primera autora del estudio original, Dana Carney, publicó en su web un documento titulado «Mi posición sobre las poses de poder». Escribió que no cree que los efectos sean reales [3].

El documento da razones concretas sobre el estudio de 2010: la muestra final fue de 42 personas, tras excluir a 5 [3]. Los datos se miraban a medida que se recogían, por tandas, algo que entonces no le pareció manipulación [3]. Para una prueba de riesgo se informó del valor de p más favorable de dos posibles (0,05 frente a 0,052) [3]. Para la autoevaluación se probaron varias preguntas y se mantuvieron las que «funcionaron» [3]. Y los experimentadores conocían la hipótesis [3]. Aclara que los datos son reales, pero que son «flojos» y los efectos, pequeños [3].

Y los 33 estudios

En 2015, los autores del original habían reunido 33 estudios publicados con resultados favorables. Simmons y Simonsohn aplicaron a ese conjunto una técnica llamada curva de valores p, que pregunta si, descontada la tendencia a publicar solo lo significativo, quedan indicios de un efecto. Concluyeron que no: la distribución de esos valores es la que cabría esperar si el efecto medio fuera cero y solo la publicación selectiva explicara los resultados significativos [4]. No afirman que el efecto sea exactamente cero, sino que sería tan pequeño que réplicas directas de aquellos estudios probablemente no tendrían éxito [4].

Otro equipo respondió en 2018 con otro análisis sobre un conjunto de estudios más amplio; el propio título de su réplica afirma que revela «claro valor probatorio» [5]. La discusión sobre cómo analizar esa literatura no se cerró del todo.

Límites

El documento de Carney [3] es su posición personal, no un estudio con datos nuevos. De la réplica de 2018 [5] solo se ha leído el título. El estudio de Ranehill no es una réplica exacta, y el único efecto que se mantuvo es la sensación subjetiva de poder [2].

Qué nos llevamos

  • Un resultado sorprendente con 42 personas pide una réplica. Cuando se repitió con 200, las hormonas y la conducta no se movieron [2].
  • Corregirse es ciencia funcionando. La primera autora actualizó públicamente su opinión y explicó qué haría distinto [3].
  • Lo que sí se mantuvo es más modesto. Adoptar una postura expansiva puede hacerte sentir más poderoso, según [2]; no hay evidencia sólida de que cambie tus hormonas ni tus decisiones.

Y una pregunta para quedarte: si una postura solo cambia cómo te sientes, ¿te basta con eso antes de una entrevista?

Fuentes

Cada fuente indica si se leyó el texto completo, solo el resumen o una reseña. Cómo se comprueba.

[1] Solo el resumen Carney, D. R., Cuddy, A. J. C. y Yap, A. J. (2010). Power posing: Brief nonverbal displays affect neuroendocrine levels and risk tolerance. Psychological Science, 21(10), 1363–1368. https://doi.org/10.1177/0956797610383437 (Estudio original. Leído solo el resumen.)

[2] Texto completo Ranehill, E., Dreber, A., Johannesson, M., Leiberg, S., Sul, S. y Weber, R. A. (2015). Assessing the robustness of power posing: No effect on hormones and risk tolerance in a large sample of men and women. Psychological Science, 26(5), 653–656. https://doi.org/10.1177/0956797614553946 (Estudio original. Texto completo leído en una copia de la Universidad de Zúrich.)

[3] Texto completo Carney, D. R. (2016). My position on «power poses». Documento publicado en su página web de la Haas School of Business, Universidad de California en Berkeley (fecha de creación del archivo: 2 de octubre de 2016). https://faculty.haas.berkeley.edu/dana_carney/pdf_my%20position%20on%20power%20poses.pdf (Declaración personal de la autora. Texto completo leído.)

[4] Texto completo Simmons, J. P. y Simonsohn, U. (2017). Power posing: P-curving the evidence. Psychological Science, 28(5), 687–693. https://doi.org/10.1177/0956797616658563 (Estudio original. Texto completo leído en una copia de la Universidad de Pensilvania.)

[5] No consultada Cuddy, A. J. C., Schultz, S. J. y Fosse, N. E. (2018). P-curving a more comprehensive body of research on postural feedback reveals clear evidential value for power-posing effects: Reply to Simmons and Simonsohn (2017). Psychological Science, 29(4), 656–666. https://doi.org/10.1177/0956797617746749 (Estudio original. No consultado: solo constan sus datos bibliográficos, no su contenido.)

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