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EMOCIÓN Y MOTIVACIÓN · 3 MIN DE LECTURA · 8 DE NOVIEMBRE DE 2026

El test del malvavisco: ¿predice tu futuro esperar unos minutos?

Un niño ante un dulce, con la promesa de otro si espera. Qué se dijo que predecía y qué mostró una réplica con una muestra mayor.

4 fuentes · 2 con texto completo leído · 2 solo resumen, reseña o no consultadas

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Dibujo a tinta de un niño pequeño sentado ante una mesa con un plato, un dulce blanco redondeado encima y un reloj amarillo al lado
Ilustración (esquema ilustrativo, no representa datos).

Un niño de preescolar está sentado ante un dulce. Un adulto le dice que si espera un rato sin comérselo recibirá otro. El adulto sale de la sala. ¿Cuánto aguantará? Y, sobre todo: ¿dice algo ese rato de espera sobre cómo le irá años después?

Es el test del malvavisco. Veamos qué se dijo de él y qué se ha comprobado.

Lo que decían los estudios originales

Según la descripción de Watts, Duncan y Quan, los trabajos de Mischel y Shoda de finales de los años 80 y de 1990 encontraron que el tiempo que esperaban los niños de preescolar en la Universidad de Stanford predecía sus puntuaciones posteriores en el SAT y su conducta, según los padres [1]. Las correlaciones eran de 0,57 con las matemáticas, 0,42 con la comprensión verbal y 0,39 con la conducta [1]. Los autores de esos trabajos entendían la capacidad de esperar como una habilidad temprana, no cognitiva, con beneficios para toda la vida [1].

Hay detalles que se suelen perder: los seguimientos eran pequeños, de entre 35 y 89 niños, y solo una de las condiciones del experimento, aquella en que el dulce era visible y no se enseñaba a los niños ninguna estrategia, dio asociaciones positivas a largo plazo [1].

Correlaciones del estudio original, según la descripción de una réplicaSegún la descripción de Watts y colegas (2018) de los estudios de Mischel y Shoda, el tiempo de espera de niños de preescolar se correlacionaba con su puntuación de matemáticas en el SAT (r = 0,57) y con su conducta según los padres (r = 0,39). Los seguimientos fueron pequeños, de 35 a 89 niños.Estudios originales (Mischel y Shoda)0,57correlación con matemáticasen el SAT0,39correlación con la conductasegún los padresLímitesSeguimientos de 35 a 89 niños. Solo unacondición del experimento dio asociacionespositivas a largo plazo.DATOS DE ESTUDIOS
Figura 1. Dos correlaciones de los estudios originales, según la descripción de una réplica posterior. Datos de los estudios [1].

Una réplica conceptual, con otros datos

En 2018, Watts, Duncan y Quan quisieron saber qué pasaba con una muestra mucho mayor y más diversa [1]. Usaron datos de un estudio estadounidense sobre cuidado infantil y desarrollo, con niños reclutados al nacer en diez sitios del país, cuyo test de espera se realizó a los 54 meses de edad, con un máximo de siete minutos [1]. Alrededor del 55 % de los niños llegó al tope [1]. Analizaron a 918 niños, y se centraron en los 552 hijos de madres sin título universitario [1]. Los resultados se midieron en primer curso y a los 15 años, con pruebas de rendimiento y con la conducta según la madre [1].

La asociación simple entre esperar más y rendir mejor a los 15 años era de 0,24 en unidades tipificadas por cada minuto de espera [1]. Pero al controlar el entorno familiar y el hogar bajaba a 0,08, y al añadir controles medidos a los 54 meses, a 0,05, ya no significativo [1]. Con la conducta no hubo asociaciones significativas en ningún modelo [1]. La mayor parte de la mejora en rendimiento se vio en los niños que esperaban al menos 20 segundos [1].

Asociación entre esperar y el rendimiento a los 15 años, según los controlesBarras con el coeficiente tipificado por minuto de espera, en hijos de madres sin título universitario. Sin controles: 0,24. Con controles de entorno familiar y del hogar: 0,08. Con controles añadidos a los 54 meses: 0,05, no significativo.00.150.3Sin controlesasociación simple0,24Con controlesfamilia y hogar0,08Más controlesa los 54 meses (n.s.)0,05DATOS DEL ESTUDIO
Figura 2. Asociación entre esperar (por minuto) y el rendimiento a los 15 años en hijos de madres sin título universitario, según los controles. Datos del estudio [1].

En los hijos de madres con título universitario, la asociación simple a los 15 años era de 0,17, y con los controles dejaba de ser significativa, con errores estándar grandes, en parte porque el 68 % llegó al tope de siete minutos [1].

Los autores concluyen que las asociaciones sin controles eran sensibles a ellos y probablemente exageraban la relación [1]. Sugieren también que esperar podría captar algo distinto del autocontrol, y que las intervenciones centradas solo en la espera podrían tener efectos limitados [1].

Lo que no dicen

Los autores no afirman causalidad, porque la espera no se manipuló, y consideran su trabajo una réplica conceptual, no directa [1]. Hay diferencias con el original: una muestra mayor y más diversa, un tope de siete minutos y no de entre 15 y 20, y controles que los originales no incluían [1]. Reconocen límites: el tope truncó la medida, sobre todo en niños de familias de mayor nivel socioeconómico; hay factores no observados; la muestra no es representativa del país; y el análisis no se preregistró [1].

Un comentario de 2018 coincide en que los vínculos son más débiles de lo supuesto y propone ampliar la idea de paciencia: las tareas de espera, argumenta, ignoran el contexto social, la confianza y la motivación por la recompensa, y la paciencia no sería beneficiosa en cualquier contexto [2]. Es sobre todo un argumento conceptual [2]. El debate continuó con comentarios de Falk, Kosse y Pinger, y de Doebel y colegas, y con una respuesta de Watts y Duncan en 2020 [3][4]. No los hemos leído en texto completo.

Qué nos llevamos

  • Una asociación simple puede mostrar menos de lo que parece. Al controlar el entorno familiar, la asociación con el rendimiento a los 15 años bajó de 0,24 a 0,08 [1].
  • Los estudios pequeños dan estimaciones frágiles. Los originales tenían seguimientos de entre 35 y 89 niños [1].
  • Esperar no equivale a un «rasgo» fijo. Los autores de la réplica sugieren que podría captar algo distinto del autocontrol, y el comentario apunta a que el contexto social importa [1][2].

Y una pregunta para quedarte: si un niño espera menos, ¿qué otras cosas de su entorno, además de su «autocontrol», podrían explicarlo?

Fuentes

Cada fuente indica si se leyó el texto completo, solo el resumen o una reseña. Cómo se comprueba.

[1] Texto completo Watts, T. W., Duncan, G. J. y Quan, H. (2018). Revisiting the marshmallow test: A conceptual replication investigating links between early delay of gratification and later outcomes. Psychological Science. https://doi.org/10.1177/0956797618761661 (Estudio original. Texto completo leído en la copia de PubMed Central, salvo el final. Las cifras de los estudios originales se citan a través de su descripción.)

[2] Texto completo Barragan-Jason, G. et al. (2018). Commentary: Revisiting the marshmallow test: A conceptual replication investigating links between early delay of gratification and later outcomes. Frontiers in Psychology. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.02719 (Comentario. Texto completo leído en la copia de PubMed Central.)

[3] No consultada Falk, A., Kosse, F. y Pinger, P. (2020). Re-revisiting the marshmallow test: A direct comparison of studies by Shoda, Mischel, and Peake (1990) and Watts, Duncan, and Quan (2018). Psychological Science, 31(1), 100–104. https://doi.org/10.1177/0956797619861720 (Comentario. No consultado: solo constan sus datos bibliográficos.)

[4] No consultada Watts, T. W. y Duncan, G. J. (2020). Controlling, confounding, and construct clarity: Responding to criticisms of «Revisiting the marshmallow test». Psychological Science, 31(1), 105–108. https://doi.org/10.1177/0956797619893606 (Respuesta. No consultada: solo constan sus datos bibliográficos.)

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