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LENGUAJE Y PENSAMIENTO · 3 MIN DE LECTURA · 8 DE NOVIEMBRE DE 2026

Las cien palabras para la nieve: cómo se exageró una idea

Un ejemplo sencillo de un lingüista de 1911 acabó convertido en una cifra que no dejó de crecer. Qué se dijo, qué ha medido la ciencia después y qué queda de la idea.

2 fuentes · 1 con texto completo leído · 1 solo resumen, reseña o no consultadas

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Dibujo a tinta de una montaña nevada con un copo de nieve grande en amarillo, y debajo una escalera de tarjetas pequeñas que crece de izquierda a derecha, con cuatro tarjetas a la izquierda y muchas más a la derecha, el último tramo punteado
Ilustración (esquema ilustrativo, no representa datos).

Seguro que lo has oído: los pueblos del Ártico tienen decenas de palabras para la nieve, y eso demuestra que ven el mundo de otra manera. Según quién lo cuente, son 50, 100, a veces más [1][2].

La historia es tan buena que casi nadie se detiene a preguntar de dónde sale la cifra.

De cuatro palabras a cien

Según la reseña que usamos como guía, en 1911 el lingüista Franz Boas citó cuatro palabras de lenguas esquimo-aleutianas relacionadas con la nieve: aput (nieve en el suelo), qana (nieve que cae), piqsirpoq (nieve que arrastra el viento) y qimuqsuq (ventisquero). No dio una cifra: era un ejemplo para decir que los idiomas distinguen más o menos lo que importa a quien los habla [1]. El propio Boas escribió, citado por Regier y colegas, que cómo se agrupan las ideas en categorías con nombre «debe depender en cierta medida de los intereses principales de un pueblo» [2].

En 1940, el lingüista Benjamin Lee Whorf repitió el ejemplo en un artículo divulgativo: en esas lenguas habría varias palabras para la nieve y en inglés solo una. A partir de ahí el número se fue inflando: en 1978 ya se citaba el 50, y en 1984 un editorial del New York Times hablaba de 100 [1].

Número de palabras para la nieve citado en distintos momentosBarras horizontales. En 1911, Boas citó 4 palabras como ejemplo. En 1978 la cifra citada en la divulgación había llegado a 50. En un editorial del New York Times de 1984 se hablaba de 100.0501001911ejemplo de Boas41978divulgación501984editorial de prensa100CIFRAS CITADAS (RESEÑA)
Figura 1. Cifras citadas, según la reseña [1]. No son datos de un recuento lingüístico.

Por qué contar palabras es complicado

La antropóloga Laura Martin trazó esa historia en 1986 [1], y el lingüista Geoffrey Pullum la popularizó con un ensayo humorístico que llamó «el gran fraude del vocabulario esquimal» [2]. Según la reseña, Pullum sostuvo que el número de raíces para la nieve es parecido en esas lenguas y en inglés [1]. Una parte del problema es que las lenguas inuit y yupik añaden sufijos a una raíz y forman palabras larguísimas, así que contar «palabras» es difícil: depende de qué se considere una palabra [1].

La discusión no está cerrada. Según la misma reseña, Krupnik y otros investigadores revisaron unos diez dialectos inuit y yupik. Encontraron más términos para nieve y hielo que en inglés, por ejemplo unos 40 en yupik siberiano central o al menos 53 en el inuktitut de Nunavik [1].

Otra forma de preguntarlo

Regier, Carstensen y Kemp, en 2016, dejaron de contar y probaron la idea de fondo: ¿los idiomas distinguen más lo que más necesitan nombrar? Compararon nieve y hielo en dos conjuntos de datos de lenguas del mundo [2]. En obras de referencia, 13 de 50 lenguas usaban la misma palabra para nieve y para hielo, y las otras 37 usaban palabras distintas; en una base de datos más amplia, eran 21 frente a 145 [2].

Lenguas que usan la misma palabra para nieve y para hieloEn un conjunto de 50 lenguas de obras de referencia, 13 usaban la misma palabra para nieve y hielo; en otra base de datos de 166 lenguas, 21. Esas lenguas tienden a hablarse en climas más cálidos.Una sola palabra para nieve y hielo13 de 50lenguas de obrasde referencia21 de 166lenguas de una basede datos más ampliaLímitesTienden a hablarse en climas más cálidos;asociación, no causa. Solo nieve y hielo.DATOS DEL ESTUDIO
Figura 2. Datos del estudio [2]: lenguas que usan una sola palabra para nieve y hielo.

El patrón fue que las lenguas que usan una sola palabra para nieve y hielo tienden a hablarse en climas más cálidos, y que esa asociación parece estar mediada por una menor necesidad de hablar de nieve y hielo [2]. En un análisis de mensajes de Twitter en 25 áreas urbanas de Estados Unidos, las menciones de nieve o hielo bajaban cuando la temperatura media subía [2]. Los autores lo ven como apoyo a una idea más modesta que la del mito: el lenguaje se adapta a lo que una comunidad necesita comunicar [2].

Límites

Las obras originales (Boas, Whorf, Martin, Pullum, Krupnik) no se han leído: sus datos llegan a través de una reseña, que además se ha leído mediante un resumen de la página [1]. El estudio de [2] es correlacional y trabaja con una muestra pequeña de lenguas en su primer análisis, y su análisis en redes sociales se limita a inglés americano. Ninguno de los dos prueba que hablar una lengua cambie la forma de pensar.

Qué nos llevamos

  • Una ilustración puede convertirse en un dato. Un ejemplo de cuatro palabras se repitió tantas veces que acabó siendo «cien» [1].
  • Contar palabras depende de qué es una palabra. Una lengua que forma palabras largas con sufijos no se puede comparar de forma sencilla con una que usa frases [1].
  • La idea de fondo sí tiene apoyo empírico. Que una comunidad nombre con más detalle lo que le importa se ha medido, con límites, entre muchas lenguas [2].

Y una pregunta para quedarte: ¿qué cosas distingues tú con palabras muy precisas porque te importan, y que a otras personas les parecen todas iguales?

Fuentes

Cada fuente indica si se leyó el texto completo, solo el resumen o una reseña. Cómo se comprueba.

[1] Reseña, divulgación o cita Wikipedia (consultada el 8 de noviembre de 2026). Eskimo words for snow. https://en.wikipedia.org/wiki/Eskimo_words_for_snow (Reseña. Se ha leído a través de un resumen de la página; las obras que cita no se han leído.)

[2] Texto completo Regier, T., Carstensen, A. y Kemp, C. (2016). Languages support efficient communication about the environment: Words for snow revisited. PLOS ONE, 11(4), e0151138. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0151138 (Estudio original. Texto completo leído en la web de la revista.)

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